El año 2000 se realizó un diagnóstico en las calles de Cusco, en el que se identificó la existencia de diversos grupos de niños y niñas que tienen en las calles su espacio de socialización más importante: niñez en situación de calle, trabajadores en diversos rubros y oficios: vendedores ambulantes de comidas, bebidas, artesanías, estibadores, lustrabotas, recicladores, cuidadores de carros, cobradores, jaladores, también niñez en situación de mendicidad y explotación.
Estas niñeces proceden de familias migrantes del campo, la mayoría de hogares disfuncionales o monoparentales, las condiciones de sobrevivencia en la calle los coloca en situación de riesgo a diversas formas de explotación, impidiendo concluyan los estudios de educación básica regular y se trunquen proyectos de vida.
Se identificó también que los espacios de socialización más importante: familia, escuela y comunidad, no cumplen el rol de protección, formador de valores, de habilidades sociales y de desarrollo de capacidades, contrariamente los agreden social y culturalmente.
Estos niños y niñas requieren de un espacio de acogida abierto, al que puedan asistir en sus horas libres, al salir de la escuela, que sea también un lugar de protección y formación complementaria, para recibir apoyo en las tareas escolares, porque la totalidad de ellos carecen en casa de un espacio físico para hacer tareas y no tienen el apoyo de algún adulto que oriente en las tareas escolares, las mismas que constituyen un verdadero desafío, incidiendo en el bajo rendimiento y abandono escolar.
